viernes, 6 de febrero de 2015

18




Hace tanto que podrían pensar que no recuerdo esa edad. Pero no es cierto.
Quizas sea porque me encuentro en ese estado intermedio de la vida en que ni eres joven ni vieja, francamente no se qué soy, si joven vieja o vieja joven, o ninguna de las anteriores, pero el caso es cada día recuerdo más aquella época en que todo me importaba un rábano. Aquellos años en que las cosas son intrascendentes, en que no existen los problemas. Vives arropada, comida, bebida y vestida sin preguntarte de dónde sale el maná y bien poco te importa. Eres mayor de edad y acabas de adquirir "capacidad de obrar" aunque no exactamente de razonar - y qué coño será eso se preguntarán: pues cuando quieran les doy unas clases particulares de Derecho, pero no ahora que estoy hasta los mismísimos en estos últimos años de todo lo que huela a jurídico- y, se supone que te integras en el mundo de los adultos. JAJA
 La realidad es que "vives de los adultos"
 No hay hora de acostarse, tienes "derecho a una paga semanal", a toda la ropa que se te antoja - porque finalmente siempre logras vencer la resistencia de esa madre tan agarrada que tienes con una carantoña a tiempo- vacaciones pagadas en el "hotel piernas"- esto es, la casa paterna-  findes interminables haciendo como que estudias un rato, y por supuesto- lo contrario sería inimaginable- el carnet seguido del coche y con gasolina, claro está, no vaya a ser que te quedes tirada. 
Y todo sin necesidad de sacar una oposición. Ya la sacaste el día que tuviste a bien venir al mundo en esta bendita familia. Una sola obligación: ser buena hija, lo que comporta cumplir con tus estudios y cumplir ciertas reglas, unas más laxas que otras, porque a nadie le tiran de casa por no arreglarse la habitación. Y "voilá" el chollo está servido para desesperación de "papá dinero" (así se autodenominada mi añorado Willy) y de mamá "recogeropatiradaporelsuelo".
 Es la mejor época de la vida. 
Ya no eres niño y tampoco adulto. Y aunque no te consideren si que te sirven una cerveza y un gin-tónic y ¡que ose no hacerlo que le tiro el DNI a la cara!. Tienes derechos y pocas obligaciones. Nadie depende de tí y ya no te piden tantas cuentas en casa. Los problemas los resuelven los padres y tú mientras mirando al infinito o a tu chico, o a tu chica o echándote unas risas con tus amigos, o bailando, o...
Hasta que llega el día. El terrible día en que acabas la carrera y ya si que eres mayor, ya eres adulto de verdad, ya tienes que pensar. Buscas un trabajo, mal pagado o sin pagar - que me lo cuenten a mí- te toca un jefe capullo, borde o simplemente asqueroso. 
¡Se acabó el chollo!
 Empezó la vida en serio. Se acabó salir hasta el infinito porque mañana hay que trabajar, las vacaciones eternas, el dormir a pierna suelta sin comerte el coco, el "papádinero" porque ya ganas el tuyo, ya no te atreves a dejarte la ropa tirada y recoges tu habitación; empiezas a pensar que es tiempo de "levantar el vuelo" y cuando lo haces comienza la añoranza de tiempos mejores, de cuando vivías como "hija de familia" que decía mi amiga, la mejor forma de vivir que jamás hubo.


¡BIENVENIDO AL MUNDO DE LOS ADULTOS!



PD: Hay un dicho "vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos" que me temo que no voy a poder poner en práctica porque sólo tengo uno que acaba de cumplir 18 y me va a pillar un poco abuela chocha el día en que el nene gane un sueldo decente. Así que me voy a currar porque mañana y pasado y el otro, hay que alimentarle, vestirle, darle paga y ahorrar para pagarle el carnet de conducir, el viaje a Mallorca, el Interrail, el Erasmus, el Master, el Advance, la boda, el viaje de novios, ...¡¡¡¡¡SOCORRO!!!

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